Brillo en la noche

Brillo en la noche

Un día, en unos de mis paseos matutinos por el bosque que había detrás de la casa de mi abuela, pude percibir un destello en la orilla de un río que pasa por un pequeño valle del bosque. Me acerqué, dudosa al principio, pensando que era un efecto óptico del caluroso sol y encontré el causante del destello.

Era una piedra pequeña. Cabía en la palma de mi mano. Tenía forma ovalada, como un huevo brillante. Los colores azul y morado se entremezclaban como una gota de sangre cayendo en un vaso de agua. Una expansión. Enseguida agarré la piedra y salí corriendo hacia la casa de mi abuela. Estaba tejiendo en su mecedora junto al ventanal cuando llegué y le mostré mi hallazgo.

Mi abuela abrió los ojos sorprendida y preguntó dónde la había hallado. Tras mi explicación se dispuso a contarme la leyenda oculta de la piedra, dejando las telas a un lado.

 

“Según las antiguas leyendas del bosque, la piedra preciosa fue escondida por dos enamorados hace siglos en el hueco de un viejo tronco. Los llamativos colores eran los favoritos de dichos amados, quienes destrozados por su destino, pues uno de ellos estaba condenado a perder la memoria para siempre, acudieron a pedir ayuda a los Dioses quienes, conmocionados por su amor, decidieron ayudarles encerrando sus almas en aquella piedra.

Tras el ritual debían esconder la roca en algún recóndito lugar y así, al caer la noche, el deseo concedido por los Dioses se cumpliría.

 

Y así fue cómo, al anochecer, con la piedra azabache ya escondida, dos cuerpos se desplomaron en el bosque cuando unos destellos azul y morado se encerraron en el hueco del árbol y teñían el pedruzco mientras el sol se escondía y llegaba la eterna oscuridad para los dos enamorados, que ya nunca se volverían a separar.”

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