Carta a mi verano perdido

Carta a mi verano perdido

Estamos ya en septiembre y aunque en Andalucía el verano permanece con nosotros hasta finales de octubre, yo siento mi verano acabado. El otoño quiere pisar fuerte cuando llegue el 23 de este larguísimo mes.

 

Es como el segundo enero del año, los propósitos se vuelven a plantear sobre la mesa como si el fin del verano fuese una etapa de cambio. Pero este verano ha sido extraño, como todo el puñetero 2020.

 

Quiero escribirle a mi verano perdido y decirle que no se preocupe, que no pasa nada. Que este año no tuve vacaciones familiares y solo fui una vez a la playa. Que las noches de verano en el parque con amigos y litronas o las tardes en piscinas no pudieron ser por culpa de un virus que nos atormenta. Que las mascarillas nos asfixian al intentar dar paseos nocturnos y que no hay ambiente divertido en las calles en cuanto el sol desaparece.

Pero no te preocupes, te has perdido entre los raros vaivenes de este año, pero prefiero perderte solo a ti, antes que todos los veranos de mi vida por cometer algún error y dañar a mi familia o a mí con una enfermedad desconocida.

 

Querido verano 2020, estás perdido, no has existido para mí aunque tu calor cala hasta los huesos y me derrite por completo. No pasa nada si este año no te he sentido, no te he vivido. Solo eres una estación y espero que el infierno pase rápido. Espero que tu hermano, el 2021, traiga unas estaciones más normales. Que no nos las arrebaten de nuevo, que disfrutemos del invierno, primavera, verano y otoño. Con todos sus días, con todas sus horas y con todas sus actividades.

 

Querido verano perdido, te echaré de menos porque nunca pude conocerte pero confío en que volverás a ser como eras y como has sido siempre. No te preocupes, no serás olvidado, pero no vuelvas.

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