Ciega de amor

Ciega de amor

El amor ciega, o eso se suele decir. No estoy muy segura de qué significa eso, pero yo me vuelvo ciega contigo porque solo te miro a ti y se nubla el alrededor. No veo nada ni a nadie más.

Si a eso se le puede llamar estar ciega de amor… Quién sabe.

 

Me vuelves loca en el buen y mal sentido. Dicen que por amor se hacen grandes locuras, pero no es algo como bajar la luna o llevarte a Marte.

Es algo que va más allá de detalles materialistas, palabras bonitas o citas románticas.

Son actos de incondicional afecto, sin esperar nada a cambio, a veces rozando un altruismo exacerbado y dañino.

 

Cariño, me ciegas. Me haces perder el rumbo entre tus pupilas, sofocas mi nariz con la fragancia escondida en tu cuello, ese pequeño espacio entre tu oreja y los pelos castaños de tu nuca. Tus labios son tan suaves que no puedo evitar acariciarlos con mis dedos, los mismos que recorren tu espalda buscando hacerte cosquillas y que sonrías. Una sonrisa que tú odias y yo amo ver.

 

Habrá mejores personas, seres que te superen, que me superen. Pero te elegí a ti. Posiblemente incluso antes de empezar nuestra aventura. Me confié a ti en el seno de una preciosa amistad. Y se transformó en una relación real, que estábamos juntos en los peores momentos. Y en los mejores.

Y llegó el querer. ¿Por qué queremos a alguien? No hay explicación posible, quizás de ahí surgió esa frase de “ciegos de amor”. Pero no merece la pena explicar lo inexplicable, simplemente es un torbellino de emociones que te sacude el cuerpo con fuerza y te deja hueco y lleno a la vez. Sientes que puedes gritar y llorar, desnudarte en la cama, o sonreír de forma exagerada delante de esa persona y no sentir vergüenza.

 

Ambos hemos tenido relaciones anteriores, que nos han podido destrozar y eso llevarnos al abismo. Pero podemos cicatrizar juntos, y lo estamos consiguiendo. No eres un clavo que saca a otro, no soy una tirita para ti, solo quiero llevarte de la mano en lo bueno y en lo malo, que quiero sanar contigo, quiero que cicatrices conmigo. Porque no importa lo que hayas vivido, sentido o escuchado en el pasado, mereces la pena.

 

Quizás hable mi ceguera, pero si puedo verme en tus pupilas cuando nos abrazamos en la cama sonriendo como una boba, quizás es que no hay ceguera alguna y esa es la verdadera realidad. Y puede verse con claridad.

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