Cuarentena eterna

Cuarentena eterna

Todo parece mejorar y cuando ya pensamos que la vida que queremos volverá, la curva se ríe de nosotros como si fuese una sonrisa maliciosa y se tambalea, moviendo nuestro presente y nuestro turbio futuro.

 

Los días se pierden en el calendario tachado. Similar a las marcas que hacen unos presos encerrados con cuatro rayas verticales y una quinta horizontal para calcular cuánto tiempo de vida llevamos aquí.

Llegamos a olvidar cómo era abrazar, besar, estrechar las manos. Tomar una cerveza con los amigos o cenar con tu pareja. Ir al cine, sentarte en el césped del parque, asistir a una peluquería sin parecer un astronauta.

Ir al dentista se vuelve algo peligroso, como entrar en una cámara de gas y no sabes qué te puede pasar.

 

Eterna, así es la cuarentena. Los estrictos 40 días pasaron hace mucho y, sin embargo, seguimos enjaulados, perdiendo la voz, aplaudiendo con menos fuerza cada día a las 8 de la tarde. Ahora es más importante ir a caminar o correr. No hemos hecho deporte jamás, pero es buena razón para salir a pasear y respirar aire puro, ese que se ha mejorado porque los dañinos seres humanos nos hemos parado en seco y la Tierra ha descansado.

 

Creemos que la sociedad va a mejorar también después de esto. Que los pensamientos de solidaridad, responsabilidad o madurez se van a purificar. Que va a florecer compromiso, consideración o paciencia en los individuos que tenemos por vecinos. Pero solo es necesario quitarnos la libertad y ofrecerla de nuevo con migas de pan para que nos volvamos locos, sedientos de más. Sin ser conscientes de que, una metedura de pata ahora, y la cuarentena se reanudará en el día 1 de 40 una y otra vez, consumiendo no solo el 2020, sino muchos meses (y con ello, muchas vidas) más.

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