Futuro torcido

Futuro torcido

El covid-19 nos ha tomado por sorpresa a todos, eso es algo evidente.

Muchos terminábamos un periodo de nuestras vidas en este año bisiesto y simétrico: 2020.

 

En mi caso era una graduación universitaria después de cuatro años estudiando periodismo, algo que llevo queriendo hacer desde los 12 años. Veinte años más tarde, lo conseguí, pero no fue para nada como yo esperaba.

Imaginaba despedirme de mis compañeros, de mi facultad, de mis profesores, de mi pupitre, de la cafetería, de cada sala del edificio de una zona sevillana súper aislada.

Esperaba tener una espectacular graduación – o al menos algo emotiva – con trajes elegantes, mi familia presente y todo con aires solemnes. Pero puede que esto se cancele o se postergue a saber cuándo.

También esperaba irme con mi chico a estudiar a Madrid un máster, los dos juntos en la capital. Pero tampoco pudo ser. En su lugar debo aprovechar mi último verano (que también será único y diferente al resto) antes de comenzar la estresante vida del trabajador, pues como dice mi padre siempre… es mejor ser estudiante.

 

Pero hay que seguir adelante, pese a los cambios, pese al futuro torcido que se presenta debido a un coronavirus que ha sacudido la Tierra y la ha dejado bastante mareada, incluyéndome a mí que no consigo poner los pies en el suelo y entender que a partir de YA toda mi vida va a cambiar. Todo evoluciona, sigue avanzando y no puedo pararlo. No puedo ser como una cría que quiere saborear unas vacaciones, escaquearse de alguna responsabilidad o darme un año sabático. Ahora comienza lo de verdad, dónde debo demostrar quién soy y lo que valgo.

 

¡Allá vamos, futuro torcido!

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