¿Trabajar?

¿Trabajar?

Que miedo nos da ese verbo a más de un joven universitario en este país. Y es que, si la situación antes estaba jodida, este virus solo vino a joderla aún más.

 

Da miedo no solo por la incertidumbre de ¿y si no consigo trabajo? ¿ y si no trabajo nunca? Sino porque nunca lo has hecho y, todas las primeras veces asustan demasiado. Aunque luego sea menos de lo que nos pensamos, lo desconocido siempre nos atemoriza.

 

Trabajar de gratis o trabajar cobrando, el sufrimiento interno de entrar en el bucle de “¿y si no lo hago bien o no valgo para esto?”, se consume de dentro a fuera, no solo con ansiedad, sino con estrés y temor. Mucho temor.

 

Pero algo os digo, una que pensaba que tardaría siglos en encontrar empleo. En unos días comienzo a trabajar y estoy muy asustada. Lo admito. Pero voy a echarle cara, voy a coger al toro por los cuernos, no voy a dejar pasar este tren porque en mi estación nunca se sabe cuándo pasará el siguiente, y debemos aprovechar cada oportunidad que surja. Experiencia para rellenar la hoja en blanco que es mi Currículum Vitae, ese documento enemigo de todos los novatos que jamás han currado y solo tienen sus estudios y un diploma hueco a sus espaldas.

 

¿Qué ocurrirá en el futuro? ¿Seguiré trabajando? Nadie lo sabe, hay que demostrar valía y dejarte la piel en lo que hagas, sea lo que sea. Sacar pecho y no hundir la cabeza entre los hombros, nosotros podemos. Vosotros podéis. Yo puedo.

 

Os deseo suerte en estos tiempos difíciles, a los que trabajan y a los que no.

¡Fuerza!

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