Tu piel con mi piel

Tu piel con mi piel

Me encantaba mirarla dormir. Era tan hermosa dormida, puede que incluso más que despierta, pues su respiración estaba acompasada con la mía y podía oír con nitidez el latido de su corazón. Aunque no puedo negar que sus ojos azul cielo y su voz suave me removían el corazón a mí.

Su cabello castaño claro, liso y frágil caía con rebeldía sobre mi hombro, allí donde ella apoyaba la cabeza para dormir, exhausta, tras nuestra unión más profunda cuando nuestros cuerpos se volvían uno. Sus pecas se habían puesto anaranjadas con el sol de la playa, el verano le sentaba bien. Marcaba un bikini blanco en su cuerpo, normalmente pálido como el papel, pero que en época estival se quedaba señalado por un sol que no podía abrazar esas zonas de su figura como yo sí podía hacerlo. Esta metáfora me sacaba sonrisas aunque era un poco idiota porque ella no me pertenecía, pero así no podía sentir envidia del sol, que podía mirarla cada día mientras que yo no.

Nuestras vidas en temporadas de trabajo y estudios eran un caos para coincidir y compartir un helado, una cena o incluso una cerveza juntos. En vacaciones aprovechábamos cada segundo como si fuese el último de nuestras vidas. Y entre tanto caos y frenesí, este momento de paz, cuando sus gemidos y sudores fríos se iban y quedaban conmigo su respiración dormida y sus ojos cerrados sobre mi cuerpo desnudo, era como un valioso tesoro.

Ella quizás no lo sabe, pero a veces su respiración se acelera y hace ruiditos raros cuando sueña con algo, pero a mi me saca sonrisas con eso y pienso que quiero oírlo durante toda mi vida, no solo cuando estamos de vacaciones. Incluso cuando se despierta y tenemos que vestirnos para continuar con nuestras obligaciones, no puedo evitar ser como un niño pequeño egoísta que solo quiere tenerla a su lado desnuda para siempre.

Me pide que le haga cumplidos sobre su peinado, su maquillaje o los conjuntos de ropa que se pasa pensando toda la tarde buscando sorprenderme cuando paso a buscarla para nuestra salida, pero lo que ella no termina de creerse ni siquiera cuando se lo digo es que su piel desnuda es el estado que mas me gusta de ella. Sin maquillaje, sin lencería fina o peinados de peluquería. Unos cabellos alocados y dispersos de forma rebelde como ahora, una cara lavada para que pueda ver sus pecas, sus mejillas rosadas por nuestro encuentro anterior, o sus labios hinchados y enrojecidos por los alocados besos que me encanta darle. 

Así es como la quiero hasta el final de mis días. Tu piel con mi piel.

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